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¿Cuántos fallos puedes tener en el examen práctico de conducir? Faltas leves, deficientes y eliminatorias

Una de las preguntas que más se repiten antes del examen práctico —y, sobre todo, nada más terminarlo— es cuántos fallos se pueden cometer sin suspender. Es fácil salir del coche intentando reconstruir cada minuto de la prueba: si el motor se ha calado una vez, si hemos dudado demasiado en una incorporación, si hemos mirado tarde un espejo o si el estacionamiento podría haber salido mejor.

Sin embargo, contar errores sin saber cómo los califica el examinador sirve de poco. En el lenguaje cotidiano solemos hablar de «fallos», pero la Dirección General de Tráfico utiliza el término faltas y las divide en tres categorías: leves, deficientes y eliminatorias. No tienen el mismo peso y, por tanto, tres equivocaciones pueden significar cosas muy distintas dependiendo de su gravedad.

Los criterios oficiales de calificación de la DGT están actualizados en marzo de 2026. En este artículo vamos a explicarlos de forma sencilla para que entiendas cómo funciona realmente el baremo y, sobre todo, para que no conviertas un error pequeño en un motivo para dar el examen por perdido.

¿Con cuántos fallos se suspende el examen práctico?

La respuesta depende del tipo de falta. Según los criterios vigentes de la DGT, el resultado es no apto cuando se produce cualquiera de estas cuatro combinaciones:

  • Una falta eliminatoria.
  • Dos faltas deficientes.
  • Una falta deficiente y cinco faltas leves.
  • Diez faltas leves.

Por eso, afirmar que alguien ha cometido «tres fallos» no nos dice si ha aprobado o ha suspendido. Si las tres anotaciones fueran leves, estaríamos ante una situación completamente distinta de la que se produciría con una sola falta eliminatoria. El número importa, pero la gravedad de lo ocurrido importa mucho más.

También conviene relacionar este baremo con los errores más frecuentes en el examen práctico. Conocer qué situaciones suelen provocar problemas ayuda más que intentar memorizar simplemente cuántos fallos «nos quedan» durante la prueba.

Qué es una falta leve

La DGT considera leve un comportamiento o incumplimiento que no alcanza la gravedad suficiente para calificarse como deficiente o eliminatorio. En esta categoría pueden entrar determinados errores en el manejo de los mandos o actuaciones incorrectas que, por las circunstancias concretas en las que se producen, no ocasionan una obstaculización importante ni un peligro de mayor entidad.

Esto permite entender algo fundamental para afrontar el examen con cabeza: una equivocación no significa automáticamente un suspenso. Durante una prueba práctica pueden aparecer pequeñas imprecisiones y el sistema de calificación está diseñado precisamente para distinguirlas de los comportamientos que comprometen realmente la circulación o la seguridad.

¿Calar el coche significa suspender?

No. Esta es una de las creencias que más nervios provoca y una de las que conviene aclarar con el criterio oficial delante. En los criterios de marzo de 2026, la DGT especifica que se anotará una falta leve por cada calado del motor.

Esto no significa que dé igual cómo se produzca ni qué suceda inmediatamente después. Una cosa es que el motor se cale en una situación controlada, que el alumno lo resuelva y continúe con normalidad, y otra muy distinta que, a consecuencia del bloqueo, pierda el control de la situación o encadene nuevas actuaciones de mayor gravedad.

El problema de muchos alumnos no es tanto el primer fallo como lo que ocurre mentalmente después. Si el coche se cala y empiezas a pensar que ya has suspendido, una parte de tu atención deja de estar en el tráfico. Por eso, si los nervios tienden a hacer que te bloquees, merece la pena trabajar también cómo conducir con nervios sin que condicionen tus decisiones.

¿Se puede aprobar con nueve faltas leves?

Si esas nueve faltas leves fueran las únicas anotadas durante la prueba, no se habría alcanzado el supuesto de diez faltas leves que determina el no apto. Dicho de otro modo: el baremo oficial establece el suspenso con la décima falta leve, siempre teniendo en cuenta que las combinaciones cambian si aparece una falta deficiente o eliminatoria.

No obstante, preparar el examen pensando «puedo permitirme nueve» sería una mala estrategia. El baremo sirve para entender cómo se califica la prueba, no para gestionar una especie de saldo de errores. Mientras conduces no sabes con certeza qué ha anotado el examinador, qué consideración ha dado a una actuación concreta ni cómo puede valorar una situación posterior.

La mejor forma de utilizar esta información es justamente la contraria: saber que un pequeño fallo no tiene por qué acabar con la prueba y mantener la concentración en lo que sucede a continuación.

Qué es una falta deficiente

La DGT considera deficiente, con carácter general, un comportamiento que obstaculiza, impide o dificulta notablemente la circulación de otros usuarios, que afecta de forma ostensible a las distancias de seguridad o que supone determinados incumplimientos de señalización sin llegar a alcanzar la consideración de falta eliminatoria.

Aquí aparece uno de los conceptos que mejor ayuda a comprender la evaluación del práctico: las consecuencias de nuestra actuación. Conducir no consiste en ejecutar una sucesión de movimientos aislados. Una incorporación, un cambio de carril o una intersección se producen mientras alrededor circulan otros vehículos, peatones, ciclistas o motocicletas, y nuestras decisiones afectan a todos ellos.

Por ejemplo, no es lo mismo tardar un instante en resolver una situación sin afectar de forma relevante a nadie que realizar una maniobra que obligue a otro usuario a modificar claramente su marcha. Por eso no conviene estudiar las faltas como una colección de reglas mecánicas del tipo «hacer esto siempre vale una leve» o «hacer aquello siempre es deficiente». El contexto también forma parte de la valoración.

Qué es una falta eliminatoria

La falta eliminatoria es el nivel más grave. La DGT la relaciona con comportamientos o incumplimientos que suponen un peligro para la seguridad propia o para la de los demás usuarios, además de determinados incumplimientos graves de las normas de circulación. Una sola falta eliminatoria determina el resultado de no apto.

Los criterios oficiales incluyen situaciones que permiten entender bien la diferencia. No respetar un semáforo en rojo puede calificarse como eliminatorio. También puede serlo perder el dominio del vehículo o que el profesor tenga que intervenir sobre los mandos porque una actuación imputable al alumno lo haga necesario.

La idea importante no es memorizar una lista interminable de supuestos, sino comprender la lógica del sistema. Una pequeña imprecisión y una actuación que crea un peligro real no reciben el mismo tratamiento porque tampoco tienen las mismas consecuencias en la conducción cotidiana.

¿Todos los errores se califican siempre de la misma manera?

No necesariamente. Este es uno de los motivos por los que conviene desconfiar de las listas simplificadas que circulan por redes sociales. Hay comportamientos cuya consideración depende de las circunstancias en las que se producen y de las consecuencias que tienen sobre la seguridad o sobre el resto de usuarios.

Por eso encontramos afirmaciones como «si tocas el bordillo has suspendido», «si se cala el coche estás fuera» o «si dudas en una glorieta es eliminatoria». Presentadas así, sin contexto, pueden ser incorrectas o conducir a conclusiones equivocadas. El examinador no califica frases sacadas de una lista; valora lo que sucede durante una situación real de circulación aplicando los criterios establecidos.

Conocer el baremo es útil, pero es mucho más importante aprender a observar, interpretar y decidir correctamente. Esa es también la razón por la que recomendamos preparar el práctico con una formación que permita entender lo que se hace en lugar de memorizar únicamente recorridos o movimientos.

Un fallo pequeño no debería provocar el siguiente

Una vez cometido un error, lo más útil es resolverlo correctamente y devolver toda la atención a la circulación. Seguir pensando durante varios minutos en lo ocurrido reduce la capacidad para observar la siguiente intersección, anticipar una frenada o tomar una decisión con calma.

Imagina que el coche se cala al iniciar la marcha. Si lo solucionas, compruebas de nuevo la situación y continúas con seguridad, has gestionado el problema. Si, por el contrario, interpretas inmediatamente que has suspendido y empiezas a conducir precipitado, el error inicial puede terminar provocando otros que sí tengan mayor gravedad.

Durante el examen no te corresponde calcular la calificación. Te corresponde conducir. El examinador lleva el control de las faltas y tú necesitas reservar tus recursos para observar el tráfico y resolver correctamente cada situación que aparezca.

Cómo prepararse para cometer menos faltas

Aprender de memoria el número máximo de faltas no hace que conduzcas mejor. Lo que reduce los errores es detectar los hábitos que todavía no están consolidados y trabajar sobre ellos antes de presentarte. Si necesitas que el profesor te recuerde constantemente que mires, si llegas demasiado rápido a determinadas situaciones o si dudas de forma habitual porque no has interpretado bien la prioridad, todavía hay algo concreto que mejorar.

Una buena preparación del práctico debería conseguir que puedas observar el entorno sin depender de recordatorios constantes, adaptar la velocidad a cada situación, mantener correctamente las distancias, resolver incorporaciones y desplazamientos laterales y manejar el vehículo con la suficiente soltura como para dedicar la atención principal al tráfico.

También es útil revisar nuestros consejos para preparar el examen práctico, pero siempre entendiendo que ningún truco sustituye a una conducción suficientemente asentada. Cuanto mejor comprendas por qué haces cada cosa, menos dependerás de intentar recordar instrucciones aisladas durante el examen.

Lo que realmente debería preocuparte antes del examen

En lugar de preguntarte cuántas faltas puedes permitirte, hay preguntas mucho más útiles para saber si estás preparado: si observas antes de actuar, si entiendes qué está ocurriendo alrededor del vehículo y si puedes tomar decisiones seguras sin que el profesor tenga que guiarte continuamente.

Cuando esas capacidades empiezan a funcionar con naturalidad, el número de errores disminuye como consecuencia del aprendizaje. Esa es una señal mucho más fiable de preparación que conocer de memoria el baremo de calificación.

En Vial Masters trabajamos el práctico con esta idea: localizar qué está fallando, explicar por qué sucede y repetir con criterio hasta que la respuesta adecuada se convierta en un hábito. Hacer muchas prácticas puede ser necesario, pero repetir sin entender no garantiza que el problema desaparezca.

Resumen: cuántas faltas provocan un suspenso

Si quieres conservar una referencia sencilla de los criterios vigentes de la DGT, estas son las cuatro combinaciones que determinan el resultado de no apto:

  • 1 eliminatoria.
  • 2 deficientes.
  • 1 deficiente + 5 leves.
  • 10 leves.

El dato es importante, pero todavía lo es más comprender lo que significa: el examen práctico no exige una conducción absolutamente perfecta, sino una conducción que demuestre suficiente seguridad, control y capacidad para desenvolverse en el tráfico. Un pequeño error no tiene por qué acabar con la prueba, mientras que una actuación que genere un peligro serio puede hacerlo.

Si estás preparando el carnet en Talavera de la Reina y quieres aprender entendiendo lo que haces, puedes conocer cómo planteamos la formación del permiso B en Vial Masters. El objetivo no es enseñarte a representar durante unos minutos que sabes conducir, sino ayudarte a adquirir el criterio que necesitarás cuando ya circules por tu cuenta.

Fuente oficial

Para elaborar este artículo hemos utilizado los criterios de calificación de la prueba de circulación publicados por la Dirección General de Tráfico y actualizados en marzo de 2026.